sábado, 21 de noviembre de 2015

Empecé a vivir hace algo más de dos meses. No sé dónde está el botón de apagar. De verdad que yo busco los enchufes detrás de la tele y solo hay cables pelados y sigue encendida. De verdad que busco la cuerda para cerrar el telón y está cortada pero el telón no se cierra. Sigue el show y no me puedo bajar del escenario. Y solo hay pájaros en los asientos. Están todos muertos, miden metro setenta de altura y el esmóquin los hace parecer aún más ridículos aun tratándose de cuervos. Pero aplauden, con ojos sin pupilas, con ojos derretidos como la cera de una vela colocada en una tarta de cumpleaños, como el plástico fundiéndose dentro de un microondas. Están encantados. Porque esta vida es aún más carroñera que la suya.

1 comentario:

  1. "Ojos derretidos"..... los borré a última hora del poema "Corazón Cósmico"... y no me preocupé que pasó con ellos, ahoraa veo que se fueron contigo.
    No me extraña... estarán derretidos pero no son tontos.

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